ENTREVISTAS

Entrevista a Ana Campoy

Por Jessie S. Martin

En este número tenemos la suerte de entrevistar a Ana Campoy, un referente de la literatura infantil de nuestro país. Y es que ella no escribe solamente para los más pequeños, sus libros además de leerlos niños a partir de 8 años, son aptos para jóvenes de hasta 99 años o más. ¿Nos desvelará algún secreto de la familia F.? Esperemos no llamar mucho la atención de la malvada organización Mandíbula…

–«Los niños españoles no leen. Solo saben estar con los móviles y las tablets». ¿Es esto cierto?

Para nada. Precisamente los niños son la horquilla de población que tiene la tasa más elevada de lectura. Aunque no debemos olvidar que los niños copian lo que ven en los adultos. Por eso animo a los mayores que lean más. Está bien dar ejemplo. Es cierto que habría que replantearse el uso de los dispositivos móviles, pero tal vez es un ejercicio que ha de hacer el conjunto de la sociedad.

–¿Hay realmente diferencias entre escribir para adultos y para niños?

Por supuesto. El niño es un humano que aún está en proceso de maduración. Hay que preocuparse por la edad del lector, utilizar un lenguaje que pueda entender (según su capacidad lectora o cognitiva), despertar su interés… Es nuestra responsabilidad como escritores acercarnos a ellos lo máximo posible.

– «Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una» dijo George R. R. Martin. ¿Cuántas vidas tiene entonces un escritor?

Infinitas. Tantas como quiera. No solo las que escribe, sino también las que disfruta. Por eso, la capacidad de meterse en la piel de otro no solo la tiene el que escribe las historias, también el que las disfruta. Ya sea en una película, con un videojuego o con la literatura. Es un ejercicio universal de tolerancia.

– ¿Vive Ana Campoy de la escritura? ¿En España es posible vivir solamente de la escritura?

En algunos casos es posible vivir de ello, aunque es cierto que no es lo habitual. Creo que para hacerlo es necesario redefinir algunas prioridades. Mi consejo es que quien quiera hacerse rico con la literatura que se dedique a otro oficio. De todas formas, yo no concibo la riqueza solo a nivel monetario. Siempre digo que mi mayor fortuna es poder gestionar mi tiempo y dedicarlo por completo a algo que me apasiona, como es la escritura.

–¿Lees más que escribes? ¿Qué tipo de libros te gusta leer? ¿Qué has leído últimamente y que nos podrías recomendar?

Leo muchísimo más que escribo. Siempre ha sido así. Leo mucho de infantil y juvenil, pero también de adulto. No solo novela, también ensayo, cuento… Creo que, en una profesión como esta, todo suma. Cualquier texto puede aportar gasolina al motor.

Útimamente me he dedicado a 1984, de George Orwell. Un libro que a pesar de estar escrito en 1949 sigue más actual que nunca. Respecto a infantil, estoy a punto de empezar Presidenta por sorpresa de Sara Cano. Le tengo muchísimas ganas.

–¿Cuáles fueron los libros que te marcaron en tu infancia o recuerdas con especial cariño? ¿Quién te inculcó el amor por los libros? ¿Crees que el ejemplo de los padres es importante?

Fui una niña afortunada. Crecí en los ochenta, una época de verdadero boom en la literatura infantil. Recuerdo con mucho cariño los libros de Barco de vapor y de Alfaguara y autores como Christine Nöstlinger o Michael Ende. La oferta entonces era amplísima y el contenido para niños tenía un gran valor a nivel social (no solo los libros, sino también las series o los programas de televisión). Ahora, por desgracia, no tiene tanto poso. La sociedad adulta deja de lado la cultura dedicada a la infancia. Nadie conoce a los autores importantes de LIJ de este país. Por eso creo fundamental que los adultos se impliquen en los contenidos dedicados a los pequeños. La literatura infantil y juvenil es un valor cultural que pertenece a todos.

–Una de las razones de la creación de esta revista es que creemos que los niños y niñas tienen que leer, que los padres deben de estar implicados desde los primeros años de la infancia para conseguir que cuando esos niños sean adolescentes y adultos sigan leyendo. ¿Qué les dirías o qué les recomendarías a los padres que quieren que sus hijos lean?

Siempre me preguntan eso en los encuentros o en las ferias y suelo responder que lo fundamental es que los adultos den ejemplo. Lo primero, leyendo. También es útil interesarse por lo que leen sus hijos. Compartir lecturas o referentes es una forma maravillosa de disfrutar la cultura. Últimamente ha vuelto la moda de los clubs de lectura: pues bien, ¡atreveos a montar un club de lectura con vuestro hijo/a! Seguro que os deja con la boca abierta.

–Me he encontrado con bastantes adultos que también leen tus libros (por ejemplo, yo misma soy seguidora de Alfred & Agatha). ¿Qué tienen tus libros que abarcan a un público tan amplio y que gustan tanto?

Tal vez tenga que ver con lo anterior. Me gusta crear historias disfrutables para todo el mundo. Tanto la literatura infantil como la juvenil pueden ser muy interesantes para el lector adulto. Son libros que pueden llevar con orgullo la etiqueta de “para todos los públicos”.

–En 2017 recibes el premio Jaén de Narrativa Juvenil por tu obra La cronopandilla: el túnel del tiempo. ¿Qué significó para ti ese galardón?

Ganar premios siempre está bien. Por eso de la supervivencia del autor que hablábamos al principio y porque también gusta que tu libro llegue a más gente (con un premio suele ser así). Pero yo creo que el verdadero trabajo del escritor es el de el día a día, sentado en su silla y enfrentándose al texto. Somos corredores de fondo. Y poder seguir en la carrera es en realidad el mejor premio.

–Hablemos de tus últimos libros. ¿Cómo surge Familia a la fuga? ¿De dónde viene la idea?

Precisamente de ese interés por que los padres y madres compartan historias con sus hijos. Me pareció lógico crear una historia coral en la que todos fueran protagonistas. Es habitual que la literatura infantil de esa franja huya de incluir a los adultos. Es lógico, ya que los niños de diez años reclaman más autonomía y empiezan a explorar el mundo fuera del círculo familiar. Pero me propuse darle la vuelta a ese asunto. Los padres y las madres también tienen problemas, no son infalibles. Del mismo modo que los problemas de los hijos también son importantes.

–Es interesante las reflexiones que se plantean en el libro, como el derecho que tienen los niños a conocer en qué situación se encuentra la familia, invitando a meditar sobre este tipo de temas. ¿Piensas que hay que tratar a los lectores infantiles con la misma inteligencia que se presupone que tienen los adultos? ¿Son más inteligentes los niños de lo que algunos escritores infantiles piensan?

Con los niños se puede tratar casi cualquier tema serio siempre que se sepa cómo hacerlo. Pienso que merecen el mismo respeto como lectores que los adultos. Hay que ofrecerles historias inteligentes que les hagan reflexionar, como a todo el mundo. La buena literatura pone la mente en marcha.

–Me ha gustado que Ginebra, la abuela, sea una parte importante de la historia, con mucho protagonismo. ¿Por qué se olvidan de los mayores en la mayoría de los libros para niños?

Fíjate, creo que en infantil es bastante habitual que los abuelos aparezcan en las historias. Aunque tal vez no tengan el carácter alocado de Ginebra. Los abuelos suelen ser cómplices de los niños en muchos casos y en Familia a la fuga hay una relación muy especial entre Ginebra y sus nietos. Supongo que es reflejo de la que tuve yo con mis abuelos.

– Ya ha salido el segundo libro de la serie. ¿Qué pueden encontrar los lectores en esta última novela? ¿Se sabe ya de cuantos libros constará la colección?

Tengo que consultarlo con la Agencia de Asuntos Anónimos. Todo depende de ellos. Aunque sí puedo adelantar que Familia a la fuga 2 es una aventura muy emocionante. En esta ocasión, la familia F. se oculta en la Gran Ciudad, y el ambiente es mucho más urbanita. Aunque ya sabemos que toda ubicación tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. En la segunda entrega procuro hacer una reflexión sobre los residuos y la ecología. Creo que uno de los temas pendientes y que considero imprescindible es el cuidado del planeta.

–Cuando vamos al cine todos disfrutamos de las películas familiares. ¿Es Familia a la Fuga un libro familiar, un libro para leer en familia?

Totalmente. De hecho fue creado con esa intención. Familia a la fuga es disfrutable por todos los seres humanos del planeta Tierra.

–Me han encantado las Ilustraciones ¿Las ilustraciones complementan a la historia?

Son una parte vital de Familia a la fuga. Álex Alonso, el ilustrador, y yo creamos el universo casi a la par; aportándonos ideas mutuamente. La verdad es que ha sido un trabajo divertidísimo, de los mejores de mi carrera. ¡Por eso mi apuesta es que continúe durante muchas más aventuras!

–¿Quieres añadir algo más o decir algo a los lectores de la revista BLI?

Más bien una petición. Que disfruten de Familia a la fuga, pero con precaución. Las vidas de los F. están en juego y esto no es para tomárselo a broma. Por eso no paro de pedirle a todo el mundo que ojo con Mandíbula. Esa malvada organización se las sabe todas. No os confiéis. Sus Caninos pueden estar a la vuelta de la esquina. Por eso no olvidemos el consejo de la Agencia de Asuntos Anónimos para todos sus protegidos. Es algo que me parece fundamental: NO LLAMAR LA ATENCIÓN.

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