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Hábitos lectores

Por Miguel Ángel López Morillo

Mishi, Mishi… Buscaba a su esquiva gatita, que de nuevo huía de sus abrazos. Eva era la menor de cuatro hermanos. Estos le ganaban en todos los juegos y se aburrían con ella; así que la niña dedicaba casi todas sus atenciones a Mishi.
Ese día descubrió unas pequeñas alas traslúcidas e irisadas y un libro cuyas tapas parecían de madreperla. «¡Qué extraño!», se dijo.
Acercó su mano para coger los objetos y le sorprendió una voz chillona que procedía de un pequeño duende:

—Hola Eva, te esperaba. Estos objetos mágicos son las «Alas de Campeona» y el «Libro de las Mil Aventuras». Con las alas jugarás a lo que desees y podrás ganar a tus hermanos. Sin embargo, el libro te contará una historia diferente cada vez que lo abras: te llevará a los mundos más maravillosos e increíbles que puedas imaginar. Elige uno de ellos, pequeña.

La niña dudó entre qué maravilloso objeto escoger; pero formar parte de los juegos con los mayores le tentaba más. El duende vio en sus ojos el anhelo de dejar volar su imaginación; aunque comprendió que sentirse parte de los pasatiempos de su familia era importante para ella. Dispuso pues no privarla de ningún regalo: «Tendrá tiempo para todo», decidió el duende.

«El libro es fuerza, es valor

es poder, es alimento;

antorcha del pensamiento

y manantial del amor.»

Rubén Darío

 

Sobre el libro

En este artículo no hablaré del valor de los libros o de la lectura. El motivo que atrae a mi pluma es el de hablar de cómo seducir a nuestros hijos y alumnos para que adquieran el hábito de la lectura. También es el de hacer algunas preguntas que, solo quizás, nos ayuden a encontrar ciertas respuestas: ¿cómo es el mundo que les estamos legando?, ¿qué sería de nosotros si hubiéramos experimentado nuestra infancia tal y como lo hacen ellos a día de hoy con tantos estímulos?

Recuerdo una infancia llena de tebeos, cómics y cuentos. En mi juventud los libros fueron unos amigos entrañables y cercanos. Conocí y experimenté a través de ellos como lo hice de las vivencias reales que llenaron aquellos años. Treinta años después no concibo mi mundo sin aquello que los libros me han aportado. Tampoco olvido cómo siguen enriqueciendo mi vida.

Estoy hablando con muchos libreros en estos últimos días. Todos me comentan algo similar: se lee menos. Los padres compran a sus hijos los libros de las lecturas obligadas del colegio. Muchos solo compran libritos pequeños y con pocas páginas y muchos dibujos, porque son los que sus niños les solicitan. Sé que no se debe generalizar; pero, salvo contadas y honrosas excepciones, en la mayoría de los casos es lo que está ocurriendo. También comentan que la juventud no compra libros. Es evidente que existen muchas otras opciones y es verdad que la lectura digital ha crecido y eso repercute en una menor venta de libros físicos; pero también es cierto que la mayoría de los niños no adquieren el hábito de la lectura y esto hay que entenderlo como un hecho. Es algo que está ocurriendo y de lo que tenemos que estar muy pendientes.

El hábito mal entendido

Cuando hablamos de hábitos, nos referimos a un modo determinado de actuar con respecto a algo y que se ha adquirido generalmente por repetición. Pero esta misma repetición, mal entendida o enfocada, puede hacer que los resultados que estamos esperando no se presenten o que los que se presenten sean los opuestos.

Jessie S. Martín, en un artículo del primer número de esta revista llamado «Se está dañando la literatura infantil», nos comentaba que no hay que escolarizar la lectura del niño: hay que ayudarle a que sueñe y disfrute. Habría que disponer los medios para que sea él quien decida en qué mundo va a adentrarse la próxima vez que coja un libro. Porque ahí radica la clave: que él desee que haya muchas otras ocasiones; y esto solo se consigue si logramos seducirlo, sin obligaciones, ni deberes, ni ejercicios repetitivos.

Así pues, conquistar a los niños con la lectura, persuadirlos, enamorarlos desde la escuela y el ambiente familiar debería ser nuestra meta más inmediata, teniendo en cuenta el panorama al que nos enfrentamos. ¡Qué maravilloso sería si los niños entendieran que hay historias en todas partes! Estimular su imaginación y que buscaran su próxima hazaña y aventura en un universo lleno de libros.

Ventajas del hábito lector en niños

Hay muchos beneficios para los niños que adquieren el hábito de la lectura: adquisición y estimulación de habilidades, potenciación de capacidades, aprendizaje de valores y actitudes o disfrute. De todas, considero que la última es la más importante, porque es la que proporcionará solidez al hábito y lo dotará de una estructura firme que no cederá jamás.

La lectura ayuda al niño a aprender vocabulario y ortografía: a usar las palabras de manera correcta. Conforme va leyendo empieza a entender las estructuras gramaticales de una forma más natural. La comprensión lectora es otra de esas habilidades que se potencian con este hábito, lo cual conlleva toda una serie de beneficios adicionales para los estudios y los resultados académicos. El lenguaje hablado, en cuanto a habilidades de expresión se refiere, adquiere un mayor dominio y el niño va adquiriendo cada vez más confianza en sí mismo.

Conforme el niño lee cada vez más, potencia su capacidad de atención: tiene que permanecer un tiempo realizando una misma actividad. Esto fortalece su capacidad de concentración y su memoria. ¿Y qué decir de la imaginación y la creatividad? El fenómeno de la «evasión creativa» les ayudará con la resolución de problemas de manera creativa y no convencional.

Con la lectura el niño descubre puntos de vista distintos al suyo, favoreciendo su empatía y su capacidad de ponerse en la «piel» ajena. Aventuras, personajes y puntos de vista; todo ello rodeado de misterio, incógnitas y conflictos que resolver: ¡es una fórmula mágica! ¿Qué más beneficios en cuanto a valores o actitudes? Responsabilidad, autonomía y curiosidad.

¿Aún nos parecen pocos los beneficios? Porque dispongo del argumento definitivo: «Leer entretiene y hace disfrutar». Aún no he encontrado un motivo con más peso y esencia que este último.

¿Qué podemos hacer?

Seducir. Ni más ni menos. Para ello tengamos en cuenta que los niños perciben su realidad a través de sus padres, maestros y amigos. Como en el pequeño cuento inicial, no podemos competir con los deseos del niño. No debemos pedirle que elija entre los libros o youtube, o el fútbol, o la televisión, tablet, ps4, etc. Eso sería un error, de igual manera que hacerle leer en voz alta la página de un libro en clase no va a lograr por sí mismo que se interese por la lectura.

Así pues, lo primero es evitar que el niño sienta como una obligación el hecho de leer un libro. La lectura tiene que ser placentera y eso no lo conseguiremos si lo obligamos a leer.

También podemos buscar puntos de conexión. ¿Le gusta el fútbol? Entonces procuremos dejar a su alcance algún libro de aventuras en la que el fútbol sea el protagonista indiscutible de la historia. ¿No se despega de YouTube? Seguro que encontraremos libros que usen su propio canal de YouTube para añadir contenido adicional y que motiven a los peques a leer.

Por otro lado, pensemos en ponerlo lo más fácil posible. Dispongamos de libros en casa y en clase, a los que puedan tener un acceso cómodo e incluso divertido: añadamos taburetes, cojines, cómics, muñecos y cuentos.

Leer en familia también es muy buena opción, ya no solo porque el niño se siente parte de la actividad; sino porque además escuchar a sus padres mejora su percepción auditiva, concentración e imaginación.

Otra estrategia a usar es que, antes de presentar un nuevo libro a un niño, lo leamos nosotros y hagamos aflorar su curiosidad, hablándoles de él y dejándoles entrever el potencial del mundo que esconde dicha historia.

Para finalizar, somos conscientes de que los padres somos modelos a imitar. Si no nos ven nunca con un libro en la mano…

Mi conclusión

Hay que encontrar y escribir libros para niños que despierten emociones, que les lleven a lugares ignotos donde todo se convierta en una aventura de la que no quieran despegarse. Y que cuando lo hagan, hayan crecido como personas y sean capaces de entender formas diferentes de pensar y sentir. Que comprendan que la vida nos ofrece múltiples puntos de vista; que existe algo que se llama sentido crítico y que nos ayuda a valorar lo que nos rodea y nos permite pensar por nuestra cuenta, corriendo los riesgos normales que la vida nos depara. Debemos ayudarles a ser individuos sociales, no «seres sociales» sin criterio propio. Todo esto lo podemos conseguir con el hábito de la lectura y ayudándoles a disfrutar de una manera sana y enriquecedora.

 

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